Domingo 17 febrero 2008
undefined

Gingru... o Gingri... o Congri... o Gungri...
Da lo mismo. A él le da lo mismo... sé que le da lo mismo que le llamemos con un mote o con otro, porque sabe que siempre lo hacemos con un cariño enorme.

Puede que los kilómetros entre Guadalajara, donde él vive, y la sierra madrileña, por donde nosotros solemos montar, hayan puesto algo de distancia entre nosotros, pero... hay cosas que ni los kilómetros pueden borrar. Y una de esas cosas es el Camino de Santiago que juntos vivimos en el veramo del 2005.

Por eso hoy ha sido un placer reencontrarle, y.. aunque hemos hablado muy poquito... han vuelto desde algún rincón de mi cabeza los buenos recuerdos de tantos kilómetros juntos... de tantos kilómetros a mi lado, ayudándome a sufrir un poco menos en aquel duro viaje, siempre con sus palabras de aliento.

Como de hoy no hay fotos, pues qué mejor que un par de fotos de aquel Camino (el Camino con mayúsculas, del que algún día escribiré)... además así salimos con algún kilo de menos, que los años no perdonan...

Y a ver si nos vemos más, Nacho, a ser posible sobre nuestras bicis... un abrazo fuerte.

undefined



PD: no dejéis de perseguir vuestro sueño... ¡¡si queréis, podéis!!


;-)
Por Nano - Publicado en: nanotroneando
Escribir un comentario - Ver los 1 comentarios - Recomendar
Domingo 2 diciembre 2007
Copia-de-DSC00197.JPG

Este año ha tenido cosas muy buenas, y cosas muy malas. De las cosas malas prefiero no hablar ahora, que no quiero autoflagelarme con un momento lacrimógeno. Y de las cosas buenas... qué decir... algunas de ellas extraordinarias (aunque tampoco vamos a hablar de todas en este momento, que alguna me la guardo para mi, jejeje). Lo que sí que quiero compartir con vosotros es una de esas experiencias fabulosas de este 2007 que se acaba. Haber conocido a Juancito.

Mis primeras palabras hacia él fueron un "hola muchacho", y su primera respuesta ya me dejó entrever que es un chaval con "duende", con mucha personalidad aún siendo tan chico: "yo no me llamo muchacho, me llamo Juan Antonio" me dijo con una enorme sonrisa.

Una sonrisa que es difícil borrarle de la cara. Parece mentira. Qué cosas tiene la vida. La vida que es a veces tan jodida, y que otras veces es sorprendente, enseñándonos lo miserables e insignificantes que podemos llegar a ser al lado de seres tan extraordinarios como Juancito. Él no lo ha pasado bien. Es posible que diga alguna inexactitud, porque se me ponen los pelos de punta y se me cierran los oídos cuando le pregunto a su padre por su salud, pero os podéis hacer una idea con esto que os digo: su primeros 23 meses de vida los pasó en coma... añadirle numerosas operaciones, pues un desorden le hace crecer más los huesos que los músculos y tendones, y tiene que "recortarle" los huesos de las piernas cada cierto tiempo... y haber pasado también unos cuantos meses boca abajo, sin moverse de la cama de un hospital, en una de esas intervenciones... para nota.

¿Todavía te parece que la vida es dura para ti?

undefined

Hace unas semanas compartimos un fin de semana, en el que, aunque hubo bici, ésta no era la principal protagonista. Hicimos un hueco para otras actividades, y sobre todo para compartir el tiempo con las novias y mujeres que nos aguantan todo el año. Y por fin le conocimos a él.

Os puedo asegurar que es imposible recordar todas la risas y carcajadas que en esos casi tres días nos provocó Juancito. Y es que, cada una de sus respuestas era un regalo. Cada sonrisa era una adorno para ese gran árbol de Navidad que fue el fin de semana. Así que antes de volver a Madrid, retomé una vieja conversación con su padre, y le propusimos una cita a Juancito para dar pedales juntos. Él aceptó encantado.

Unos dias después nos juntamos en el parque Juan Carlos I, con nuestras bicis de enduro de recorridos LT, para compartir con el pequeño Juan Antonio una fría pero soleada mañana de bici. Sólo había que ver como sonreía (a pesar del susto del vuelco, más susto para su padre que para él mismo...). Creo que ha sido un gran regalo, y que la sonrisa no se le borrará de la cara en todas las Navidades.

La vida tiene estas cosas, le pone la zancadilla a veces a quien menos lo merece. Pero con el cariño de su familia el pequeño Juancito.. digo... el gran Juancito... ha salido adelante y gracias a su padre hemos tenido la oportunidad de conecerle, y de recordar que nuestra vida no es tan difícil como a veces nos pensamos.

Aprended de él. No os rindáis nunca.
¡Feliz Navidad a todos!

undefined
Por Nano - Publicado en: nanotroneando
Escribir un comentario - Ver los 1 comentarios - Recomendar
Domingo 11 noviembre 2007

P1010043.JPG El Cerro Escusa al fondo, visto desde el PR AV-22


Una "@nchoa".
Eso es lo que ha sido mi última ruta por La Adrada.
Intentaba alcanzar por enésima vez la cima del Cerro Escusa (1.960 metros) y el resultado ha sido casi más chapucero que la primera vez que lo conseguí, allá por el año 90. Entonces, el 12 de julio de ese ya lejano 1990, llegué allí con la mochila y 4 buenos amigos: Pepito, Usero, El Rubito y Diego.

Por aquel entonces, había una palabra de moda entre nosotros: @nchoa. Hacer una @nchoa era meter la pata de forma divertida, cagarla de manera cachonda, o incluso que algo saliera muy mal pero que tuviera cierta gracia... no dejábamaos de utilizar a todas horas ese estúpido término.
Os lo contaré muy rápido. Nos íbamos de acampada, y medio engañé a mis amigos para que en lugar de ir directos al Pantano del Burguillo, fuéramos a La Adrada, y desde allí, por el Puerto de Casillas al embalse. Un rodeo de locura. Y nunca llegamos a encontrar el mencionado Puerto, por lo que improvisé cruzar la Sierra, a casi 2.000 metros de altura, a la brava, campo a través. Un desastre...
Lo pasamos mal, practicamente perdidos, y sin agua, y esa situación límite hizo que hiciéramos una buena piña. 
Nació el "Club de acampadas La Anchoa", que luego se transformaría en Asociación Juvenil, de la que aún hoy se supone que soy presidente... jejeje... aunque de juvenil no tengo ya nada.
Luego repetiríamos itinerario senderista un par de veces más, en los años 93 y 97, sólos Pepe y yo (de los 5 @nchoas originales), pero con Perico y Emilio respectivamente en esas dos nuevas ediciones de nuestra gran @nchoa.

24.jpg Perico y yo en la cima del Escusa, en el año 93, en una de nuestras aventuras mochileras

Llevo tiempo queriendo volver allá arriba con la bici. Pero no es sólo un reto deportivo. Se trata de completar una búsqueda... no sé de qué, pero es algo que todo este tiempo he notado que me faltaba,,, ¿sensaciones? ¿recuerdos? ¿buscar mis límites en solitario?... no lo sé, pero tenía que volver...

Y ya son varias las veces que una pequeña maldición me lo impide... cuando no es por una cosa, es por otra, pero parace que no hay manera de conseguirlo. Esta vez, en lo deportivo, tampoco ha podido ser, debido a mi falta de previsión, mi impericia mecánica y un poco de mala suerte; pero... al menos he recuperado mi "mojo"... ¡¡¡sin duda esta vez he vuelto a vivir la "@nchoa experience"!!!

Esta vez quería ir sólo, de modo que me perdí una gran ruta de pollánganos (pollos asados, no penséis mal) con los colegas RES, y me presenté en La Adrada a eso de las 8 de la mañana, para intentar aprovechar el día a tope. Aunque vago de mi, no soporté escuchar el despertador a las seis menos diez de la mañana, y me quedé un ratito más en la cama... 

En La Adrada, junto al cuartelillo de la benemérita, la primera en la frente. Saco la bici del coche y la rueda trasera está pinchada. Pues nada... a cambiar la cámara. Es la única que tengo de repuesto (patán de mi), así que si vuelvo a pinchar tendré que tirar de parches. Este incidente me retrasa un poquito, y comienzo mi ruta a las nueve menos veinte. Tengo que aprovechar bien el día, porque no sé lo que tardaré en llegar a la cima con mi ritmo karakol. 

Aunque hay una subida un poco más directa, decido ir por las zetas, que son jodidamente duras (para mi) al principio, pero que luego tienen bastantes descansos. Cuando estoy a punto de cogerlas, paro a quitarme la chaqueta y me doy cuenta de que me he dejado el sandwich en el coche. ¡De puta madre, todo el día sólo en el monte y sin comida! Como es normal, paso de darme media vuelta, aunque sólo llevo un par de kilómetros, de modo que empiezo a subir. La pista me hace ganar altura con facilidad, pues las pendientes son fuertes. Esta vez se me hacen bastante duras, tanto que me dan tentaciones de echar el pie, pero... no... yo soy de los que procura no rendirse. A ritmo 34 puedo con ellas.

Al poco tiempo suavizan un poco, y llego ya con más facilidad a la carretera que une por el Monte 56 los pueblos de La Adrada y Piedralaves. Son un par de kilómetros de enlace, completamente llanos, que me dan un respiro, y me permiten contemplar lo bonito que está el valle. El día es acojonante. Vaya semanas de noviembre que llevamos, desbordantes de sol y buenas temperaturas.

Llego al desvío de la Yega, y  toca volver a subir, aunque esta vez más suavemente. Primero un pequeño tramo de carretera rota, hasta que se transforme de nuevo en pista. A los pocos metros me topo con un tramo en el que han estado desbrozando los lindes de la carretera, y está completamente cubierta de restos de zarzas... putada, seguro que pincho, porque además el tramo sucio es largo, y no me hace bajarme y patear.
Cruzo los dedos y tiro para delante... y parece que todo va bien... sigo subiendo sin problemas.

Llego al refugio, donde no puedo evitar parar a subir al tejado. Es un sitio especial, donde me vienen un montón de recuerdos y viejas sensaciones, de cuando subía en bici siendo un crío. De aquí no me atrevía a pasar, jejeje... demasiada montaña para tan pocos años entonces. El pueblo ya se ve lejos desde aquí, y como no quiero perder mucho tiempo, sigo para arriba. Desde aquí se gana poca altura, pues se va rodeando el monte camino del Collado de Casillas (que no Puerto). 

Son ya unos cuantos kilómetros de subida, y la cosa funciona bien. Tengo tiempo de sobra para ir dándole al coco, para aclarar ideas y pensar en muchas cosas... Dejo a un lado el desvío de la divertida bajada que siempre hacemos, y sigo llaneando hacia el este. Hay unos pocos metros de bajada, antes de empezar el último tramo de dura subida hasta esa encrucijada del Collado. Al empezar a bajar, me flanea la rueda delantera... ¡vaya mierda de cubiertas nuevas Continental he puesto! (pienso) pero no, he vuelto a pinchar. Un puto pincho de zarza me ha desinchado la rueda delantera. Bueno, pues nada, a reparar... o no... no, porque cuando cojo la caja de los parches... ¡¡¡¡no hay parches!!!! ¡¡¡¡¡no me quedan!!!! No me lo puedo creer... mi falta de previsión me va arruinar una vez más el intento...

Bajón. Pero... veo a unos niños un poco más alante, junto a una casetilla, y me acerco a ver si suena la flauta. Hablo con su padre... y nada... no esperaba que tuvieran cámaras o parches, pero al menos una bomba de pie o un compresor... quizá hubiera podido hacer funcionar las cubiertas en plan tubeless, porque las llantas lo son (ignorancias mías)... el caso es que llevo más de media hora mirando como un gilipollas la bici, el camel, la caja de parches sin parches, las cubiertas pinchadas... ¡qué desastre!

Al final se me ilumina la bombilla. Llamo a Ricardo, que iba a estar en su casa, en La Adrada, y me dijo que igual salía un rato con la bici. ¡Bingo! está con la bici, justo al comienzo de la subida, junto al pueblo. Le pido que suba, y que me deje la cámara que él lleva. Y... accede. Eso es un colega. Eso sí, me tocará esperar, porque tiene que hacer toda la subida, y por la parte más dura, pasa salir justo donde yo estoy (bueno, me toca patear uno o dos kilómetros para llegar al cruce donde nos encontraremos). Así que nada... parece que se esfuman mis posibilidades de lograrlo, porque necesito toooodas las horas para conseguirlo... y ya he perdido mucho tiempo.

P1010017.JPG Ricardo y mis dos ruedas pinchadas...

Llega Ricardo, un poco petado porque no anda muy allá de forma... pero clase le sobra un rato jejeje. Mientras comentamos la jugada, le da por tocar la rueda de atrás de mi bic, y... flipa... ¡¡también está pinchada!! ¡¡es increíble!! El tercer pinchazo del día, y sin moverme... las putas zarzas me están pasando factura. Cambiamos la cámara delantera, y parcheamos la trasera. Eso sí, hinchando una de las cámaras, nos las vemos putas para entender cómo funciona la bomba de Ricardo. Cuando lo conseguimos, infla de la leche. Tanto, que parte el obús de una de las válvulas... qué desastre, qué desastre...

Así que allá me deja Ricardo, con las dos ruedas reparadas, con una cámara pinchada en el camel, y unos parches por si las moscas. Que no es poco. Mucho más de lo que podía esperar tras mi imprevisión. Él no tiene ganas de seguir subiendo, y se vuelve para abajo. De hecho, va cansado y prefiero no trialear, no sea que se piñe... así que baja por la rápida pista por la que ha subido. ¡Mil gracias Ric, un encuentro breve pero imprescindible para mi aventura!

Yo reemprendo la marcha. Sé que tengo imposible llegar arriba y que no se me haga de noche, pero al menos quiero acercarme al máximo, explorar todo lo que pueda, petar en el intento, y recuperar "eso" que estoy buscando (sin saber muy bien qué es). De modo que afronto los repechos anteriores al Collado, y sin pausa, sigo en el corto tramo que me ha de llevar hasta el Puerto de Casillas, donde llego bastante fresco, pero... ¡¡¡con una rueda pinchada!!! El cuarto pinchazo del día, y no sólo eso, sino que la delantera también va un poco floja... Me lo tomo con filosofía, esto está siendo una verdadera @nchoa... Reparo con tranquilidad, con el paso de algunos senderistas que se interesan por mi pinchazo (si supieran los que ha habido antes), e incluso por mi itinerario. Por fin me decido a hacer algo que no hice en el anterior doble pinchazo: revisar a fondo mis cubiertas. El resultado... más de 7 u 8 pinchos, que aunque parece que no llegan a traspasar la cubierta, está claro que me han dado bastante por culo.

Venga, a por ello. Antes, miro con detenimiento el panel informativo sobre el tramo que me queda, la "senda del Cerro Escusa". Me fijo en que hay una bifurcación, y llegan al mismo sitio, aunque parece que de forma más suave por uno de los lados... Arranco, sin poner pies, que la senda (más bien camino) se complica. Pendiente + piedras, pero nada que no pueda superar con una combinación infalible para ello: 34 + equilibrio. Así llego hasta la bifurcación en la que nos quedamos en el anterior intento (con Alex y Toño).


P1010023.JPG En el PR con el Burguilo al fondo

En este punto, en lugar de seguir de frente, por todo el cuestarrángano (Maculi dixit), tiro por la derecha, donde, aunque a veces cuesta ciclar, puedo avanzar sobre la bici. Las vistas sobre el Valle Iruelas son impresionantes, y algún que otro buitre negro me sobrevuela. Estoy petando de lo lindo, apretando los dientes, dándole al coco, con la piel casi de gallina viendo los montes por donde hace años pateaba con la mochila. Estoy encontrando lo que buscaba, aunque sigo sin saber qué era.

El camino es completamente artifical, abierto con excavadora, con un firme bastante irregular, y bastantes piedras. Tras un mirador, la cosa se pone chunga. Un rampón de impresión me hace echar el pie a tierra, y pateo unos cientos de metros. Justo hasta donde este camino se junta con el que antes dejé a la izquierda, y que había comprobado en el panel y el gps que enlazaba con el mío. Justo aquí tengo la meta a la vista. Sale una senda (sigue siendo el PR AV-22) que se ve que se complica poco a poco, hasta lo que parece un cortafuegos imposible. Al fondo, la cima. La meta. Otra vez se escapa, pero al menos esta vez la veo y la rozo con mis dedos. Ya es tarde, y es del todo imposible llegar... he perdido demasiado tiempo, pero... estoy supercachondo, ¡¡¡he recuperado mi mojo!!!

Toca volver, y lo hago por la bifurcación, que promete ser una bajada interesante. Pero antes hay que subir un pelín más, y es casi todo ciclable. Duro de cojones, pero ciclable. Mucha piedra suelta, con la huella inequívoca de la excavadora, pero llego arriba, y paro un rato a abrigarme e hinchar un poco las ruedas, que van bajas de aire. También me pongo las protecciones, que bajo sólo, y auqnue no voy a arriesgar, mejor minimizar los daños. Las vistas del Valle del Tiétar quitan el hipo. Me encanta este sitio... estoy enamurado.

Bajo rapidito, pero, como diría Jose, sin arriesgar. La bajada no vale demasiado, aunque con tanta piedra suelta, y con algunos escalones, regueros y pedrolos, hay que ir con todos los sentidos en guardia. Llego en un momento al Puerto de Casillas, y ahora toca de vuelta un pequeño sube baja, antes de hacer la bajada final a La Adrada. Aunque aún hay uz como para hacer la trialera de siempre, voy bastante cansado, y decido bajar por pista. Lo hago por la misma por la que bajó Ricardo, para evitar coger repechos, y bajar de manera más directa. Este camino me permite bajar junto a una garganta que es una joya, pues esconde algunos rincones con praderas de ensueño, y robledales y castañares que me brindan unos paisajes increibles. Es la mejor época del año, y la mejor hora del día, con los rayos del sol jugando entre las hojas de los árboles. Estoy disfrutando como un enano, vaya día.


P1010046.JPG La bajada aún me reservaba rincones increibles

Pero... aún me quedaba una sorpresa... un reventón en la rueda trasera, quizá producto de la poca presión que llevaba. Pero... estaba yo como para hinchar. Por no bombear, no hubiera bombeado ni... bueno, mejor no digo nada... Lo cierto es que es tarde, y con la paciencia del Santo Job, saco los parches para reparar este quinto pinchazo. No me puedo permitir ni uno más, porque voy a poner ¡el último parche! Lo pongo, con cariño, jejeje... y a inflar. Me aplico bastante, para evitar un reventón más... Me aplico tanto que me cargo la vñalvula de la cámara. El obús no, la válvula. toda la válvula se queda dentro de la bomba. y yo me quedo en medio del camino, con una cara de gilipollas que no había tenido en todo el día. Menos mal que mi reacción fue de esperar: un ataque de risa.

Ya no hay solución, de las tres cámaras dos están inservibles al cien por cien. Tengo la posibilidad de llamar a Ricardo, y se suba a buscarme en coche, pero... después de todo lo que he rodado y sufrido hoy, no estoy dispuesto a hacer un sólo metro sin mi esfuerzo. La petada tiene que ser completa. Así que, con dos cojones y un palito, a empujar la bici cuesta abajo. No he estudiado aún el track a fondo, pero me parece que han sido unos 6 kilómetros de pateo... joder cómo me dolían las piernas al final.... con tanta cuesta (abajo), mis "piernánganas" acaban petadas...

Pero al final, merece la pena. Llego a La Adrada justo cuando se va la luz, a eso de las seis y cuarto de la tarde. Han sido 9:33 horas desde que arranqué, y he pasado más tiempo reparando pinchazos que en marcha. ¡Una locura! 4:49 pedalenado, que no está nada mal, y casi 1.600 metros de desnivel. Un rutón, con 43 kms en el gps, y algún otro que no quedó resgistrado por falta de cobertura.

No sé lo que buscaba, pero lo he encontrado, ¡¡he vuelto a disfrutar de la @nchoa experience!!
Muchos (entre los que me incluyo) no entenderéis por qué coño tenía que venir, ni qué carajo buscaba, pero...  ¡¡Nano is back!!
Por Nano - Publicado en: nanotroneando
Escribir un comentario - Ver los 2 comentarios - Recomendar
Domingo 21 octubre 2007

malagon45-copie-1.jpg

Llevaba bastante tiempo sin caerme. A veces se te escapa algún pie... incluso acabas descabalgado de tu montura, pero lo que es una caída... ya no me acordaba...

Este sábado he tenido una buena ración de dolor.
 Tocaba bajar la trialera del pantano de El Tobar, en una de nuestras rutas clásicas por Peguerinos. La trialera es un pedregal que no tiene piedad con nadie... Y el comienzo, nada que ver con la foto donde se me ve penando. Hay que arrancar de una rejilla metálica sobre el suelo, con unos buenos escalones de inicio. Es un inicio que siempre se me atraganta, y ayer no iba a ser menos.

Llegados a la trialera comento que no hay día que consiga bajarla entera, desde el principio, y el cachondo de JuanquiBTT me dice que se puede perfectamente, por la izquierda. ¡Qué jodío! Ya lo sé que se puede por la izquierda... siempre que empiezo andando la trialera veo perfectamente la trazada, pero luego tener los güevos de hacerlo... Ayer era el día. Tenía ganas de petar, y aunque ya levábamos unos cuantos kms de ruta, había que intentarlo.

Así que nada... como dijo Juanqui, por la izquierda... Y, aunque veo perfecta la trazada sobre un gran pedrolo justo enfrente de mi, por la parte izquierda, yo iba empeñado en ir más a la izquierda todavía, y al final... ni una cosa ni la otra... ni la trazada buena en la parte izquierda, ni la trazada en la que yo me empeñaba a la izquierda del todo (casi por las paredes)... Resultado: mi rueda en un gran agujero entre ambas trazadas, mi horquilla que no puede con el agujero, y yo volando por encima de la bici. Caigo como un saco de patatas sobre la alfombra de piedras, y mi codo y mi cadera dan fe de ello. Para colmo, la Canyon me cae encima, sin duda, celosa de que estoy arreglando a Charlotte (Charlotte te echo de menos, cariño).

Apenas me puedo mover. Veo las estrellas con el brazo, y cuando al fin consigo levantarme, me mareo. Hacen que me siente, y trato de coger algo de aire. Joooder, apenas puedo doblar el brazo... eso va a ponerme muy difícil levantar las birras... Me vuelvo a levantar, y me vuelvo a marear. Otra vez al suelo, y esta vez Víctor me echa un poco de agua en la nuca, a ver si empiezo a espabilarme. Finalmente consigo levantarme, y no queda más remedio que terminar bajando a pata un buen rato, hasta que me animo a volver a subirme la bici. 

Son los riesgos del mtb. Pero nada que no pueda superarse. Hoy domingo me he quedado sin rutear, y los moratones empiezan a aparecer en mi cuerpo. Una siesta me ayudará a superar la mala noche que he pasado, pero... nada me quitará las ganas de estar el sábado próximo sobre mi bici, ni siquiera el dolor.

Os pongo otra foto (del año 2005) del comienzo de la trialera donde caí, ahí a los pies de los intrépidos bikers... jejeje... ¿intrépido yo?
 

Por Nano - Publicado en: nanotroneando
Escribir un comentario - Ver los comentarios - Recomendar
Miércoles 3 octubre 2007
festibike.jpg

Pues... qué gozada ver tantos amiguetes together. Da igual la ocasión... que si un finde por la sierra... que si el cada año más cutre Festigay... que si lo que sea para ver a viejos amigos y echar unas sonrisas.

Y así, como quien no quiso la cosa nos juntamos una veintena de foreros frente a la carpa de Canyon. De Galicia, de Cataluña, de Murcia, de Madrid, ¡¡y hasta de Bilbao!!!! Y si en la foto salimos casi 20... no os podéis imaginar los otros 20 que pasaron... ¡¡canela fina!!

Y en el fondo eso es lo que nos queda... nos robaran las bicis, o las venderemos, y nos haremos ricos, o no... pero siempre tendremos amigos, como el bueno de Alex, que se ha tragado todo un finde de curro by the face. Gracias a todos los que nos habéis echado una mano ;-)

Y ahora viene lo mejor... un fin de semana con los Castrones, y otros especímenes cual murcianos locos... vivir así es morir de amor!!!!
Por Nano - Publicado en: nanotroneando
Escribir un comentario - Ver los comentarios - Recomendar

Fotos al azar

  • p1010217.jpg
  • p1010020-_custom_.jpg
  • p1010041-_custom_.jpg
  • sv300705-20resized.jpg
  • webimg-0029.jpg
Crear un blog en es.over-blog.com - Contacto - C.G.U - Reportar un abuso