Lunes 16 julio 2007

Cariño, tenemos que hablar.

Te echo de menos... te necesito. Quiero verte pronto. ¿Nos vamos a ver este fin de semana?

Di que sí, di que sí, di que sí, di que sí...

Por Nano - Publicado en: nanotroneando
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Domingo 15 julio 2007

Escribo esto con lágrimas en los ojos. Muchas lágrimas.

El viernes me iba de viaje a Lisboa. Allí, en Sintra, debía asistir a la boda de mis amigos Pit & Pat, en un fin de semana que prometía risas y muy buen rollo. Antes de salir hacia Portugal, una visita rutinaria al hospital donde estaba mi tía Grego, para darle un besito a ella, y hablar con el cirujano a las 8 de la mañana del viernes, ya que mi madre no siempre entiende las palabras que utilizan los médicos sobre el estado de salud de su hermana. Sin embargo, esta vez las palabras fueron más claras que nunca: mi tía había empeorado mucho, tanto como para que sólo le quedaran horas de vida.

Comenzaba así un triste fin de semana. Por supuesto decido no ir a Portugal, y me quedo junto a mi tía, ya desconectada de todos los cables y aparatos. Más de 36 horas sin moverme de su lado, y del lado de mi madre, viendo cómo se nos escapaba su vida entre las caricias de nuestras manos. De nada servían esas caricias, ya que por fortuna ella estaba sedada en su agonía, y no debía sentir ni nuestro cariño, ni por supuesto, el dolor. Al final marcho a casa para obligar a mi madre a descansar, y después de 10 horas más de resistir, la Grego se nos fué. No sé... para mi desde luego ha sido muy duro vivir así su agonía.

Supongo que os preguntaréis por qué carajo os cuento esto tan triste, pero es que... bueno, por un lado en este blog no sólo quería hablaros de mi aventuras en bici, si no también de la vida, y... esto es vida. C'est la vie... y por otro lado, es lo que me apetece para dar un poco de alivio a mi tristeza.

Qué puta y cruel es la vida, que se la ha llevado en sólo dos meses de lucha contra la enfermedad, y contra la cirujía no siempre efectiva. Adiós, tía favorita. Estaré siempre "estribado" para ti. Un besito.

Por Nano - Publicado en: nanotroneando
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Jueves 28 junio 2007


¡¡Esto es una sobrina, y lo demás son tonterías!!
Por Nano - Publicado en: nanotroneando
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Domingo 20 mayo 2007

Otra vez en la Casa de la Cueva. Otra vez abusando de las cervezas, y sucumbiendo a las rockas de Peguerinos. De sexo mejor ni hablamos...

Llegamos pronto el viernes, y nos bajamos en bici al pueblo a tomar una cerveza. O dos... o tres. Si este año sacamos la proporción entre litros de cerveza ingeridos y kilómetros recorridos... me echo a llorar seguro... Pero bueno, en un finde así, es lo que se puede esperar de nosotros. El caso es que después de meterle litro y medio de cerveza al cuerpo, nos volvimos para el albergue, porque amenazaba tormeta y la gente ya debía estar llegando.

Poco a poco llega la gente. Algunas caras nuevas. Clásicos de siempre. Ausencias importantes. Pero el ambiente es excelente. A veces nos empeñamos en que todo sea como la primera vez, y eso nos crea algunos prejuicios, además de ser injustos con la gente nueva. No podemos esperar que todo el mundo seas como esperamos, ni que aporte al grupo lo que aportaban otros compañeros que ahora no están. Y eso no significa tampoco que no hayamos echado de menos mucho a algunos...

 El caso es que el viernes nos dejamos llevar por los efluvios de las Mahou (y las que no eran Mahous)... y una cosa llevó a la otra... Mejor no cuento los detalles. Murcianos, gallegos, y nuevas incorporaciones debieron flipar. Cómo nos gusta la juerga. Gustavo es un crack. Mario se deja llevar. Planchaman es un descubrimiento. Nos dieron las 3 y pico de la madrugada, dando cacerolazos, agitando cervezas, y jugando al futbol con bolsas de patatas fritas. ¡¡Alexpin se queda sin, Alexpin se queda sin!!

El sábado fue muy duro levantarse. A las ocho, que Gema nunca falla, y con el desayuno hay que ser puntual. El resacón era descomunal, así que bajamos con calma hacia el pantano. A pesar de lo que se podía esperar por el nivel de alcohol en sangre, sin problemas en la rápida trialera que baja hasta el embalse. Lo bordeamos, y toca subir por el duro arrastradero de pinos. A pesar del dolor de cabeza, subo montado como un jabato, pidiendo paso, y superando a la gente que va a pata. Silvia me mata cuando dice: ¡¡ Pero Nano, si hueles a alcohol !! Como son estás enfermeras... se fijan en todo... Al final del arrastradero, esperamos a Gus, que ha roto la cadena. Cuando llega, todo el mundo arranca, pero Dani dice que no puede con su cuerpo, y que la tripa le está matando. Dicho y hecho... y desaparece tras unas piedras para fertilizar el campo. Las vacas huyen despavoridas. Gustavo y yo también decidimos huir, no vaya a ser que el pobre Dani se pierda si tiene que volver sólo... Resultado: 10 kms de mierda, y la resaca que no se va. Así que... ducha rápida en el albergue, y a hacer el aperitivo al sol, que es todo unlujazo (una Voll Damm tras otra...).

Por la tarde bajamos a uno canchales a que la gente haga un poco el burro con las burras. Deivid, Nacho, Roolez, Josera y Pep se pasan la tarde haciendo saltos, y Dani y Deivid nos deleitan con una clase magistral de control sobre la bicicleta. ¿Cómo es posible que Dani tenga tal dominio de la burra, y luego no sea un animal bajando? ¿miedo a caerse?... no sé... las fotos de Ismael son espectaculares. Sirva alguno de estos ejemplos.

El domingo el cuerpo no está mucho mejor, así que aprovechamos la presencia de una chica nueva, Gema, para acompañarla en el furgón de cola y no forzar la máquina. Hacemos la ruta de Cueva Valiente, y es una prueba de fuego para nuestros alcoholizados y maltrechos cuerpos. A la llegada a la base de la subida, yo insisto en no hacer subir a Gema por allí. No por la subida, que incluso yo he hecho a veces andando, sino por la bajada. Es bastante heavy, y ella, o la hace andando, o se hará daño (y esta visto que la tía no se corta). Así que hacemos el senderito del arroyo, que es bastante divertido, aunque nos quede algún kilómetro de carretera. Las kakitas en la subida a Cueva Valiente son generalizadas, no sé si porque está Gema ( chica guapa montando en bici) o por... no se me ocurre otra cosa. Mario, Planchamán, los dos Danis, Jose, Gus... todos pronto en el albergue, a seguir plimplando.

Comemos relativamente pronto, cuando han llegado los machacas, y la espantada es fulminante. Creo que sólo yo me despido de la cocinera... feo detalle.

Espero que al menos, Juanjo y Carlos hayan recibido una inyección de moral este finde, que la necesitaban. Y que los gallegos se hayan divertido, pues es una paliza un viiaje así. Como dice Julio, la Casa de la Cueva nunca defrauda. Aunque algunas cosas no sean ya iguales...

 

Por Nano - Publicado en: nanotroneando
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Domingo 13 mayo 2007

Con sólo 30 kilómetros de MTB en los últimos 35 días, ir de ruta supone petar. Seguro. Pero jamás he petado con tanto gusto como el pasado sábado. La cita era en Navacerrada, para hacer una ruta corta pero intensa. Tan intensa, que incluía alguna de las sendas y bajadas más bonitas de la Sierra. Y algo así como un mito ciclista... la bajada preferida de los freeriders, y que, aunque parezca mentira, yo nunca había hecho: el Whistler (Güisler para los amigos).

Es una gozada bajar por ese valle, lleno de raíces, escalones, cruzando 3 ó 4 veces el río... Y es una gozada ver a 20 tíos bajando como posesos, atacados por el virus del mtb que anda suelto por la sierra madrileña. Una auténtica locura colectiva. Un ejercicio de RE-ísmo.

La ruta empezó desde Navacerrada pueblo, y a través del valle de La Barranca nos llevó hasta el inicio de la Senda Ortiz. Y aunque nada más arrancar ya iba echando los higadillos (el calor no ayudaba), la buena compañía me hizo llegar aún con vida al inicio del Ortiz. A partir de ahí ya sé que es coser y cantar, porque el mero hecho de rodar por esta senda me resucita. Aunque es de subida, tiene poca pendiente, y un par de pasos algo técnicos, pero fáciles, me hacen disfrutar de mi 34. Más compañeros esperando suponen otra inyección de RE-moralina para completar la senda, y afrontar las trialeras Bambi y del Miedo. Dos clásicas de la sierra.

Después toca sufrir de nuevo. El Calvario es una de esas subidas que hay que tomarse con calma. Un par de puntos con duras rampas, de las de apretar los dientes y los riñones. Y algunos pasos con mucha piedra suelta, en los que hay que estar muy finos para no poner ningún pie. Se hace larga la jodía subida.

Y después, el orgasmo de la bajada. El Whistler.  Aún no nos conocemos mucho, pero puede que acabe enamorado de esta bajada. Es cuestión de tiempo. Yo soy muy tímido al principio, pero cuando me suelto...

 

Por Nano - Publicado en: nanotroneando
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