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¿Cúal es el límite entre la petación y el sufrimiento?
A veces no lo recuerdo, pero rutas como la de este fin de semana, entre Ávila y Villalba, ayudan a saber lo que es sufrir sobre una bici.
Cuando en una ruta se te acaban las fuerzas, sabes que has petado. Pero cuando en una ruta de 95 kilómetros, después de los 35 primeros ya vas petado... sabes que
ese día no es una petación más, sino que vas a sufrir, a sufrir de lo lindo.
Tocaba hacer una clásica del cicloturismo en MTB, uniendo la capital abulense con Villalba. Se va en tren para allá... y se vuelve, como se puede, en bici. Unos 95 kilómetros, con más de 1,600
metros de desnivel. No os voy a aburrir con toda la historieta de la ruta, y con una de mis tradicionales e interminables crónicas. Pero... no me podía resistir a escribir sobre el
sufrimiento.
Llega un momento que notas que tus fuerzas se han acabado. Cuando llega una subidas, tus compañeros de ruta te sacan cada vez más y más distancia, y aunque apretes los dientes y empujes los
pedales, la bici, como que no avanza. Has petado.
Yo soy un gran petador. Un auténtico diésel. Soy capaz de completar todo tipo de rutas, auún cuando aparece el hombre del mazo. Pero... hay un punto en el que la petación se transforma en
verdadero sufriemiento. Las piernas no duelen... abrasan. El culo te da por el ídem... da igual que vayas sentado, o de pie... dueeeeeele; si te levantas parece que te arrancaran la piel, y si te
sientas... buuuf. Los riñones te dan latigazos, y el cuello te hace pensar que llevas un pesado yugo sobre él.
Son momentos difíciles, en los que reniegas de la bici. No sabes cómo ponerte sobre ella, no sabes cómo rodar. Buscas deseperadamente una solución: comida, estiramientos... pero nada vale.
Maldices la bici, te cagas en tus muertos y en los del que planeó la ruta, pero no puedes escapar al dolor. Lo único que te queda es abandonar, rendirte, bajarte de la bici.
¿Abandonar yo? ¡¡¡Jamás!!!
Lo aprendí en el Camino de Santiago. Allí estuve a punto de llorar sobre la bici, y ayer viniendo de Ávila tuve sensaciones muuuuy parecidas.
Si resistes, la recompensa es mil veces mayor al sufrimiento.
Y no es por presumir de la machada, de terminar la ruta después de 2/3 del recorrido sin fuerzas. Es, simplemente, afán de superación.
Es tener ganas de mejorar, de superarte, de no dejar vencerte.
Es estar orgulloso de ser ciclista. Por eso admiro tanto a los que compiten en XC... joooder qué güevos, estar un par de horas a tope, reventando a cada metro.
En fin, que no es tan malo petar, y... no es tan malo sufrir sobre la bici, aunque sea de tanto en tanto.
Yo acabo de cubrir mi cupo para una larga temporada. Aunque incluso en las rutas en as que más sufres, siempre encuentras cosas de las que disfrutar.
Juanqui, Isma... gracias por la ruta