Con la excusa de unas gestiones profesionales, que por otra parte han ido bastante bien, he podido pasar unos días entre las cálidas costas del sur de
Francia, y la húmeda y embarrada vieja Inglaterra. Para ser exactos, han sido 10 días sin parar, de un lado para otro, en los que apenas hemos repetido un par de
noches o tres en el mismo sitio.
3.000 kilómetros de furgoneta, un vuelo de ida vuelta a Leeds con las bicis, y 6 alojamientos distintos, lo que no nos ha permitido descansar mucho, que se diga. Pero disfrutar,
hemos disfrutado. Y trabajar, pues también, algo hemos trabajado (pero poco).
Y... bienveniu al Roc d'Azur, el mayor festival de la bici en Europa. Hay que reconocer que la feria Eurobike es la leche,m pero acabas un poco
hasta los "kinder" de tanta bici. Aquí, en Frejus, la cosa se ve de otra manera. Bicis sí, y nuevas colecciones 2009 también, pero... por encima de todo está la participación de
la gente. Más de 15.000 personas montando en bici.
Un espectáculo bestial, un precioso circuito, y cientos de personas tomando la salida cada poco tiempo, participando en una inmensa y concurrida variedad de pruebas. Daba igual a qu´hora echaras
un ojo a la salida, allí había una manada de bikers hambrientos de ruta, animados por un marchoso speaker, y dispuestos a recorrer los preciosos senderos y caminos de la Costa
Azul.
También hemos visitado Marsella, y les hemos enseñado a los franchutes a hacer una buena tortilla de patatas. Con cebolla, como Dios manda. Pero también me ha tocado sufrir
subieno a Notre Dame de la Guard, en lo alto de la ciudad. Y es que, 8 semanas sin montar en bicis son muchas como para mantener la forma. Pero bueno, al menos ya estamos otra
vez encima de la bici, que no es poco. Como no era poco subir no una vez, sino dos, las duras rampas.
Cómo me ha recordado esta ciudad a Barcelona. Parecía que subía al Tibidabo... con el mar de fondo. Y para qué contaros sobre cómo conducen... la leche qué
anarquía...
Y hemos salido de la ciudad, a rodar por la costa hacia el norte, hasta visitar Calallongue. Parece mentira que se pueda encontrar una
zona tan bonita a tan pocos kilómetros de una urbe como Marsella. Un viejo poblado de pescadores, con acantilados y bonitas calas, lleno de rocas que nos incitaban a disfrutar de
nuestras bicis... pero paciencia, que sólo estamos tomando contacto, y la muñeca aún se resiente.
Al día siguiente nos cogimos la furgo para ir un poquito más allá, al precioso pueblo de Cassis. El resultado, espectacular. Bonitos caminos junto a los acantilados que dan al
mediterráneo, una temperatura de más de 25 grados, y un buen reencuentro con la petación sobre la bici.
Apenas 16 kilómetros de pedaleo, con un paisaje increible, pero... con unas cuestas del carajo. Mitad de ruta para arriba, hasta no poder más, y mitad de ruta para abajo, para dejarse caer de
nuevo junto a las aguas del Mare Nostrum, a la sombra de los pinares que llegan hasta el mismo borde del mar, y que dan cobijo a los barcos de los ricachones en unas ensenadas de
ensueño. Lástima que quieran cobrarte 5 euritos por una jodida caña de mierda... así poco negocio van a hacer con los RES... ellos se lo pierden, porque el sitio merece una visita más
exahustiva.
Y de ahí, rumbo a Montpellier, otra de las escalas de la ruta, donde pudimos visitar una de las más grandes tiendas a la francesa, con la mejor de las compañías. Un pedazo de
almacén, en un polígono, lleno de material para que uno se vuelva loco y se deje la Visa. En España, sólo Probike, que visitaríamos al día siguiente, puede
plantarle cara a una tienda así.
En esta bonita ciudad pudimos descojonarnos cenando en un bareto de estilo español, la Bodega Los Caracoles, donde le tomamos el pelo a los camareros que presumían de
"españolizados". Al final, las tapas, como en casa, en ningún sitio. Ni la tortilla, ni la morcilla, ni el pan amb tumaquet i pernil, ni las anchoas, ni las berenjenas, ni las gambas a la
plancha, ni ná de ná... aunque para ser justos, para ser gabachos no estaban demasiado mal (al menos tenían San Miguel, y una amplia carta de vinos españoles). Y eso sí, no
dejamos de dar una vuelta previa en bici, por su laberinto de callejuelas de plano medieval.
De ahí a Barcelona, a ver a los viejos a migos, a Jose y a David (una pena no ver a Juanjo), que como no podía ser de otra
manera, nos brindaron su hospitalidad ofreciéndonos alojamiento. Sin pedírselo, como siempre.
Un poco de tiempo para perdese en Probike, para saludar a la gente de Tomás Domingo, y para intentar conocer a los de Action.Al final, tener que
decidir entre uno y otro, pero esta vea estuvo fácil. Como comimos con David en El Provisional, nos fuimos a dormir con Jose, sin dejar de cenar
en el mítico Tinell, al lado de Seva. Qué maravilla, disfrutar de una buena butifarrita, de la plancha de Manel y
Mercedes, y de la brasa del restaurante en el que cualquier día te puedes encontrar a Alex Crivillé cenando.
A dormir unas pocas horas, y a conducir hasta el aeropuerto de Gerona, donde volaríamos con RyanAir hasta el ridículo aeropuerto de Leeds. Allí,
el objetivo era recibir una formación, no sin disfrutar de todo lo que supone plantar los pies en la Gran Bretaña.
Qué cambio, pasar de los casi 30 grados del sur de Francia a apenas los 7 grados de Yorkshire y Lancashire. De la comida mediterránea a las
empanadas de carne, el pastel d queso y cebolla, y los atiborrados desayunos de salchichas, bacon, huevos, judías y patatas fritas. Pa'cagarse. Y encima, a cenar a las 17'30.
Eso sí, la apretada agenda hacía que tuviéramos que tomar clases incluso después de la cena, que una cosa es que cenen pronto, y otra, que no aprovechen el tiempo. Menos mal que siempre te animan
unas buenas pintas de cerveza, rubias o tostadas.
Al final, objetivo cumplido, gracias una pléyade de excelentes profesionales, que nos acompañaron también a rutear por los caminos y embarradas praderas de la zona. Unos sitios de ensueño,
si no fuera porque cada poco tiempo te caían un chirimiri o te intentaba tirar de la bici un infernal viento... para esto nos quedamos en Asturias jejeje... No, en serio,
una gozada rodar, e intentar coger la forma en los caminos que rodean Pendle Hill, la colina de las brujas. Una mención especial para Andy, todo un crack, uno de
estos tíos con "magnetismo".
Quizá, en un futuro, más y mejor (como decía el P.O.E.), pero ahora... a disfrutar de nuevo de las Mahou.
Y... nos vemos pronto, sobre la bici ;-)